Pedro “el Mago” Septién


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No tengo la menor idea de la fecha en que escuché por primera vez narrar un juego de beisbol a Pedro “el Mago” Septién. Sin duda, debió ser a finales de los años setenta cuando el beisbol se transmitía semanalmente durante la temporada regular y toda la postemporada por televisión abierta —en aquellos años a Televisa sí le importaba un deporte distinto al futbol—, y “el Mago” era el ancla principal de una dupla con otra leyenda de la narración deportiva como Jorge “Sony” Alarcón.

Sus narraciones eran un festival auditivo. Eran con clase y dignidad. Con conocimiento puro y no anécdotas banales y chistes sin sentido. Alarcón narraba jugada a jugada con una picardía inigualable. Septién daba los comentarios de análisis y era el ingrediente que endulzaba cada jugada. No importaba si se conocía el beisbol o no, escucharlos era un deleite de tono, ritmo, volumen y voz.

Sus voces eran un bálsamo de conocimiento puro de la narración deportiva. Entre los dos, cuando yo empecé a escucharlos, ya sumaban más de 80 años de experiencia en un micrófono y vaya que lo demostraban juego a juego.

Estos dos monstruos de la narración deportiva aprendieron a hablar en un micrófono cuando lo único que valía era tener una soberbia capacidad de observación, como también un nutrido vocabulario que sólo la lectura constante puede dar. Pero eso no era suficiente, toda esa observación y facilidad de palabra había que sumarle sabor, calidez y oportunidad para decir los conocimientos en el momento adecuado, algo que hoy se ha perdido.

En esos tiempos la narración deportiva no contaba con el apoyo de ningún medio de comunicación más allá del radio y los periódicos. No había internet, ni televisión por cable, ni redes sociales. Nada de nada. La única forma de aprender a narrar un deporte era documentándose por medio de los periódicos, asistiendo al estadio y absorber todo lo que había alrededor de cada juego.

Por eso era un deleite escuchar a “Sony” y “el Mago”. Los dos entendieron que la magia de la narración deportiva consiste en transmitir emociones y acompañarla de conocimiento. No de frases prefabricadas con el único fin de darse a conocer sin ningún mérito.

Pedro Septién, hasta las ultimas apariciones que hizo en televisión en 2011, seguía teniendo esa capacidad de narrar entrada por entrada, lanzamiento por lanzamiento, juegos que absolutamente ningún ser vivo atestiguó y que los hacía parecer sucedieron el día anterior.

Estoy seguro que como yo, muchos verificaron cada dato que “el Mago” dio en sus miles de narraciones de beisbol. Estoy seguro que como yo, todos confirmamos que cada una fue cierta.

No tengo la menor duda que como yo, después de confirmar sus relatos, nuestra admiración por “el Mago”, creció más.

Su popularidad era mayúscula antes de la invención de la televisión. Participó en varias cintas, la mayoría de índole deportivo representando ¿qué otra cosa podría ser? A un comentarista deportivo, pero sin duda su fama llegó a su punto más alto en la década de los ochenta.

A principios de esa década, a “Sony” Alarcón y “el Mago” Septién los acompañaba un tercer comentarista que variaba entre Jorge Berry, Víctor Serrato y Roberto Keoseyan. La realidad es que ninguno de ellos, por diversas razones, tuvo la  experiencia o tablas para ponerse a esas alturas.

Pero sí hubo uno que lo hizo y salió a luz igual que Fernando Valenzuela apareció en Dodger Stadium ese mismo año sin bombo ni platillo. Con los mismos 20 años de Valenzuela, un novel comentarista apareció acompañando a Alarcón y Septién para convertirse en la cereza del pastel de la mejor tripleta de comentaristas que ha visto el beisbol en México: Antonio de Valdés.

 Ahí puede decirse que inició el antes y después de la narración moderna deportiva en nuestro país.

La adición de Toño de Valdés vino a darle frescura e impulsó al beisbol a niveles, que dudo, se vuelvan a alcanzar en que la televisión por cable es elitista y en donde las redes sociales reinan a comunicadores etéreos y sin chiste.

 Cuando Jorge “Sony” Alarcón y Pedro “el Mago” Septién recibieron con brazos abiertos a Antonio de Valdés, encontraron al heredero ideal para cambiar la estafeta de la narración deportiva en México. Este trío fue fundamental para que México quedará perplejo con la Fernandomanía en los años ochenta.

La emoción de ver triunfar a Fernando Valenzuela, considerado el mejor pitcher mexicano de todos los tiempos, en las grandes ligas no pudo tener a mejores portadores de la emoción que causaba.

Será difícil olvidar las palabras de “el Mago” después de que Fernando Valenzuela ganó el tercer juego de la Serie Mundial de 1981:

 —“¡Bien por ti Fernando! Eres en el beisbol oro, mezquita, basílica y cactus”.

Puedo asegurar, que en gran medida la fama y leyenda de Fernando Valenzuela fue mayor y la vivimos mejor porque al mismo tiempo existieron Alarcón, Septién y De Valdés.

Es inevitable no vincular a un deportista y los que transmitieron sus hazañas en el campo. Fue mágico que sus caminos se hayan cruzado.

Pedro “el Mago” Septien tuvo la virtud de encontrar siempre una frase memorable para un momento memorable. Nunca necesito prefabricar conceptos porque su capacidad iba más lejos que la de cualquier otro.

Ahora con su muerte se acaba un capitulo memorable no solo de la narración deportiva, sino de la historia misma de la radio y la televisión en México.

Aquellos que tuvimos la fortuna de verlo narrar, escuchar sus relatos y vibrar con una emoción única, de verdad que fuimos afortunados. Los que no lo llegaron a escuchar, pero saben de su leyenda, lo que deben saber es que su legado es muy simple, pero tan grande como su fama:  narrar con humildad, amor a la profesión y sencillez.

 El beisbol en México ya no será igual.

Autor: marconunez23

Periodista con más de 20 años de experiencia. Especializado en temas de negocio, comunicación social, e imagen. Apasionado del deporte, especialmente el beisbol, los New York Yankees, los Pittsburgh Steelers y la NFL.

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