Memorias de mi padre: Una vida alrededor de 108 costuras


Ya pasaron 8 meses desde la última vez que escribí en este espacio y las cosas no han cambiado. Mi papá sigue dando un duelo digno de cualquier clásico de otoño. En agosto del año pasado dije que estaba en la novena entrada de su vida y tal como los Cardinals del 2011 o los Mets de 1986, estaba a un strike de perder, pero encontró la forma de empatar el juego e irse a extra innings y desde entonces, no deja de sumar entradas extras.

Unas son mejores que otras, con altas y bajas. Con hombres en posición de anotar pero como el mejor pitcher, siempre encuentra ese lanzamiento clave para retirar el bateador en turno y seguir adelante en este juego de la vida.

Pero hoy, otra vez, está en serio peligro de perder. Contando este día, ya son 9 los que lleva en el hospital. Su riñón le está arruinando el juego y sus pulmones no están ayudando nada, lamentablemente estos son jugadores que a estas alturas no los puedes reemplazar trayendo otros de la banca o el bullpen.

Así que, después de estar en la caja de bateo de su vida por 90 años, otra vez tiene la cuenta llena con dos outs, y como el mejor bateador, sigue abanicando cada lanzamiento para conectarlo de foul. Simplemente, se niega a que lo retiren.

Para cada lanzamiento, su respiración es más lenta y pausada. Eso no es nada bueno porque en el menor descuido, su corazón puede abandonar este duelo entre pitcher y bateador.

Han sido 8 largos meses. Muchos más de los que todos esperábamos desde ese fatal miércoles del verano pasado. Mi papá no deja de lanzar rectas de vida, pero los problemas con la curva empiezan a aparecer.

Lo peor de todo esto es ver este juego desde la tribuna. Puedes echar porras, lanzar palabras de aliento, gritar y emocionarte, pero al final, este duelo sólo lo pueden decidir los involucrados. Pensé que lo vivido en agosto me prepararía para una eventualidad como la de los últimos días, pero la realidad es que por más que te prepares y lo pienses, nunca estás preparado para esto. Uno siempre trata de ser fuerte por los suyos, pero todo tiene un limite. Es aquí cuando sabes que sí existe una división entre la mente, que te dice aguanta y no decaigas, y el cuerpo que también te dice, es hora de descansar.

Sabes que tienes que seguir, pero confieso que desde hace meses nada de lo que hago tiene sabor. Es difícil seguir adelante, concentrarte y hacer lo que tienes que hacer, en esta incertidumbre. Tratas de dar la cara, pero es complicado.

Mi papá no fue el mejor, pero tampoco fue el peor. Como todo padre, tuvo sus pros y contras. El deporte que siempre prefirió fue el futbol, por encima del beisbol. No puedo decir que le apasionaba porque nunca le vi ese tipo de reacciones salvo en una ocasión. El triunfo de Italia sobre Alemania en el mundial de España en 1982. Nunca más lo vi emocionarse por otro evento, situación, o aventura.  Siempre fue muy hermético, pero esa es la única ocasión que lo vi realmente feliz por un evento deportivo.

Pocos lo saben, pero en los años cuarenta, mi papá desechó la oportunidad de estudiar una maestría en Estados Unidos por miedo a ser reclutado por el ejército estadounidense para ir al frente de guerra, un par de sus amigos corrieron esa suerte y cuando menos lo pensaron, estaban peleando en Europa por un país ajeno al suyo.

Pero mi papá no tomo esa opción y refugió su energía en el futbol. Algo debió hacer bien porque llegó a ser reserva del club América, pero hasta ahí llegó su carrera como futbolista.

Lo más irónico de esto es que lo lógico hubiera sido inculcarme a mi hermano o yo,  ese gusto por el futbol, pero no fue así. La vida nos llevo a convivir en medio de un diamante con una pelota y un bate.

Ayer, tuvo un mal día. Si convalecencia no lo tiene consciente la mayor parte del tiempo. Esta irritado y molesto. No lo culpo, no creo que haya alguien a quien le guste estar postrado en una cama de hospital. Era difícil mantenerlo en calma. La tos producto de su neumonía le dificulta el sueño y tanta medicina le complica descansar y estar relajado. Sin embargo, encontré una fórmula que lo pudo poner a dormir. No creo que ningún laboratorio la tenga. Es una combinación entre tecnología, Steve Jobs, y el ingrediente principal: MLB.tv.

En esa pequeña pantalla de mi Iphone lo puse a ver el juego de los Yankees. Mejor medicina para dormir, imposible. No pasaron ni dos entradas para que cayera en los brazos de Morfeo.

Esta escena de hospital, es una memoria más entre nosotros que gira alrededor de 108 costuras. Para mí, sigue siendo increíble que en el final de su vida, así siga siendo. No tengo la menor idea de cuantos juegos más pueda ver con él, y veo difícil lleguemos juntos a otra Serie Mundial, pero siempre le agradeceré que me haya llevado al beisbol. Es lo que siempre recordaré de él.

Autor: marconunez23

Periodista con más de 20 años de experiencia. Especializado en temas de negocio, comunicación social, e imagen. Apasionado del deporte, especialmente el beisbol, los New York Yankees, los Pittsburgh Steelers y la NFL.

1 thought on “Memorias de mi padre: Una vida alrededor de 108 costuras”

  1. Estimado Marco:

    Que buena narración has escrito. Me dejas la impresión total de que para él es un homenaje y para tí, una catársis.
    Excelente que tengas la gran oportunidad de estar ahí, con él, acompañándolo, reconciliándose tal vez, recordando. Y si supera el inning o no, los gritos y porras desde la tribuna siempre serán bienvenidos.
    Recibe mi más caluroso y sincero Abrazo.

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