Mi postal del 9/11: La Serie Mundial (5 de 6 partes)


Con el arribo de la Serie Mundial por cuarta vez en fila y la quinta en seis temporadas, la ciudad encontró un bálsamo de emoción en el cual concentrarse. Yankee Stadium fue el mejor santuario ante la tragedia. Lo era para toda una ciudad en medio del dolor incluso para aquellos que no seguían el beisbol. No sólo jugaban los Yankees, sino todo Nueva York.

El rival en turno eran los Diamondbacks de Arizona. Un equipo con apenas 4 años de existencia y que presentaba al par de lanzadores más temido que la MLB haya visto desde los tiempos de Sandy Koufax y Don Driesdale con los Dodgers en los años 60. Curt Schilling y Randy Johnson eran el mejor par de cobras que el equipo del desierto presentó en el 2001.

Desde la distancia en cada bar, en cada restaurant, todas las pantallas de televisión estaban sintonizadas en la serie que inició en Arizona y no pudo ser peor para Yankees. Como se esperaba Schilling y Johnson dominaron a Yankees permitiéndoles 2 carreras en 18 entradas para caer por un par de juegos en la serie. El primer campeonato deportivo disputado después del 9/11, se veía tan oscuro y negro como la zona cero para los Yankees.

La serie llegó a Nueva York el 30 de octubre. Una noche fría, nublada y con una cortina de niebla que cubría a la ciudad. Nunca una Serie Mundial se había jugado tan tarde en el año, pero las circunstancias así lo obligaron.

George W. Bush, en medio del más grande despliegue de seguridad presentado en un estadio, arribó a Yankee Stadium para presentarse ante más de 55 personas en y millones alrededor del mundo para lanzar la primera bola. Derek Jeter le advirtió al presidente Bush no botarla antes del plato “le van a abuchear” le advirtió. Bush lanzó un strilke al centro desde la loma, antes había alzado el dedo pulgar señalando cada punto del estadio. Esa secuencia de imágenes se convirtió en la imagen política más fuerte de su presidencia. Mejor, imposible.

Si Bush no hubiera llegado esa pelota al plató o la tira fuera de la zona de strike, no sólo hubiera sido abucheado, sería altamente criticado por no poder demostrar temple, orgullo y coraje en un momento histórico en la ciudad donde más se necesitaba mostrarlo. Pero lanzó un strike y todo era forteleciente. Se podía estar a favor o en contra de Bush, pero no se podía estar en contra de Nueva York y esa noche esa imagen dijo más de mil palabras.

Gracias a todo el despliegue de seguridad todos los presentes estababamos agotados, gastados y drenados. La emoción no se vio esa noche. Roger Clemens, el as del staff Yankee hizo todo de su parte para que Arizona no causara problemas y Nueva York venció 2-1 a D´Backs. La esperanza renacía.

Para el cuarto juego, la luna llena hizo su aparición, era una estampa digna para una noche de espanto y Halloween.

A lo largo de la postemporada, el alcalde Giuliani siempre invitó a familiares de las víctimas de los atentados a los juegos de postemporada. Para esta ocasión un grupo de bomberos se tomaron un respiro de los trabajos de limpieza de la zona cero y fueron llevados al estadio para que vieran el juego.

Antes del juego los Yankees los invitaron al vestidor, ahí los bomberos fueron presentados y recibidos como héroes. Antes de saltar al campo un par de bomberos le dijeron a Derek Jeter, Tino Martínez, Jorge Posada y Andy Pettitte que no se preocuparan por el camino de la serie, que se recuperarían y todo estaría bien porque “más de tres mil ángeles desde el cielo los apoyan”.

Vaya que lo hicieron. La pólvora de los bates Yankees seguía mojada. No respondían y el juego no pudo ser más dramático. Curt Schilling, otra vez, tenía bajo control a Yankees y los D´Backs llegaron a la novena entrada con una ventaja de 3 a 1 con miras de poner la serie ídem.

En la historia de la Serie Mundial desde 1922 un equipo no empataba o remontaba una diferencia de 2 carreras en un juego después de la novena entrada. Más de 55 mil personas en el estadio lo sabían y soñaban que eso cambiara.

Byung-Hyun Kim, un letal cerrador coreano con un slider devastador retiró los dos primeros outs pero concedió un hit sencillo de Paul O´Neill que permitió a Tino Martinez pararse a batear.

Con todo el estadio de pie. Unos rezando, otros abrazados y rogando por un milagro. Kim lanzó una slider que no quebró y se quedó a la altura de la cintura de Martinez. Tino no lo dudó y conectó un bombazo que partió el campo en dos. El jardinero central de Arizona Chuck Finley corrió tan fuerte como pudo, brincó la barda, pero su esfuerzo fue infructuoso.

Tino Martinez con el apoyo de 55 mil en el estadio y los 3 mil en el cielo que los bomberos le habían prometido, empató el juego a 3 carreras. La alegría, gritos y emoción retronaron en Yankee Stadium. Un momento, simplemente, increíble.

En la entrada siguiente, Derek Jeter conectó otro cuadrangular para darle el triunfo a Yankees, empatar la serie a 2 juegos y ser bautizado como “Mr. November”. Seguían siendo los Yankees. Seguía siendo “el estadio”, seguía siendo Nueva York.

Para la noche siguiente, el 1 de noviembre, el clásico de otoño por primera vez se jugaba en el penúltimo mes del año. Todos los asistentes al estadio, exhaustos de una noche mágica de Halloween pensaban que lo habían visto todo, pero estabamos equivocados, faltaba más.

El escenario el mismo. La situación la misma. El lanzador: increíblemente, el mismo.

Otra vez con dos outs en la novena entrada, dos carreras abajo y un hombre en base. Lo que no había pasado en casi 80 años, pasó nuevamente en noches consecutivas. Ahora fue Scott Brosius quien conectó el lanzamiento del cerrador coreano Kim para depositarlo en la tribuna del jardín izquierdo. Algarabía es poco. Incredulidad, era lógica. Ahora la reacción era de catarsis.

Los gritos de desesperación y angustia que se escucharon el 9/11, se transformaron en alegría y festejo. Había lágrimas corriendo por la cara de muchos en el estadio. Por primera vez en casi 2 meses, para muchos ese cuadrangular sirvió para desahogar innumerables emociones. La alegría de un simple batazo fue el detonador para descargar, en buena cantidad de casos, frustración e impotencia.

Tres entradas después los Yankees dejaron en el campo a Arizona para tomar ventaja de 3 a 2 en la serie y volar al desierto con la mira puesta en el título. Después de cinco juegos los Yankees mostraron ese corazón que sólo un “newyorker” tiene y ahora era más grande que nunca. La Serie Mundial era el escenario perfecto para desahogar la emoción.

Para el sexto juego nadie podía saber el desenlace de la serie. Todos tenían claro que la misión que empredieron los Yankees desde el 9/11 iba más allá de refrendar un campeonato. Su misión era devolverle un poco de alegría y luz al final de un negro túnel a los más de 7 millones de neoyorquinos que atestiguaron un evento tan infame dos meses antes. La meta era distraer. Todo lo habían cumplido cabalmente.

En Arizona, el destino deportivo no estuvo con Nueva York. En el sexto juego fueron aplastados 15 a 2. Para el último juego de la serie, el séptimo, todo sucedió en su contra.

Curt Schilling con tres días de descanso enfrentó a Roger Clemens, los más firmes candidatos para el Cy Young de ese año. El sueño dorado de todo fan al beisbol estaba en el campo: juego 7, los mejores pitchers, el día de todo o nada y fue inolvidable.

Por 6 entradas Schilling y Clemens no permitieron nada. Arizona tomó la ventaja en la 6ª, pero Yankees respondió en la 7ª para empatar a 1 carrera. En la 8ª el novato Soriano conectó un HR para mandar arriba a Yankees 2 a 1. Sólo 6 outs los separaban del título 27 de su historia.

“Tiré el juego” dijo Schilling en la caseta en medio de la desesperación de ver como la Serie Mundial se les iba de las manos. En respuesta y con el objeto de no dejar ir a Yankees, el manager de D´Backs Bob Brenly mandó a Randy Jonhson a relevar, sin importar que el día anterior había lanzado 7 entradas para aniquilar a los Yankees.

Si enfrentar en el 2001 a Schilling y Jonhson en días seguidos era complicado y difícil, verlos en el mismo juego era injusto.

Pero Yankees tenía por su parte a Mariano Rivera, el mejor relevista de todos los tiempos. El hombre que había cerrado 3 series mundiales y llevaba 21 salvados consecutivos en postemporada. Una vez más Joe Torre, el manager Yankee, le pedía se pusiera su capa de súper héroe y cerrara la temporada. Sacer los últimos 6 outs del año.

Sin problemas sacó los tres de la 8ª entrada con tres ponches, pero el destino no estaba con Nueva York en el 2001.

En la novena entrada un sencillo, un error, un doble y un podrido atrás de Derek Jeter le dieron el triunfo a los D´Backs y dejaron en el campo a los Yankees. Perdieron el juego 3-2 y de paso la Serie Mundial.

La desconsolación era evidente en la caseta de Yankees. Las lágrimas corrieron en la cara de Don Zimmer, el asesor de Torre. El alcalde Giuliani, el héroe de 9/11 quien había viajado esa mañana desde Nueva York, veía desde su palco con una mirada nublada el festejo de Arizona en el campo.

La hermandad Yankee que se había creado desde 1996 llegaba su fin. Paul O´Neill se retiraba, Tino Martínez no tenía contrato, al igual Brosius. Entre sollozos el equipo se despidió del 2001. Mariano Rivera fue claro después del juego “si tienen que culpar a alguien, cúlpenme a mí. Por primera vez un equipo me venció y puede decir que lo hicieron”.

En la gran ciudad el ambiente era lúgubre o vez, pero a diferencia del 9/11 era lleno de orgullo. Un equipo cargó a toda una ciudad por dos meses y lo hizo con todo el pundonor y entrega que cualquier neoyorquino hubiera pedido.

El dolor de la derrota no pudo eliminar el dolor de la tragedia, pero sí por tres horas cada noche, los Yankees hicieron olvidar el dolor de un ataque terrorista, demostraron que el deporte puede ser el eslabón más grande en una cadena en ilusión y deseo. El beisbol demostró que nos puede unir y enseñar que las cosas pueden volver a ser buenas. Que aunque en lo negro de un túnel provocado por el odio de un grupo hacía un país, existe una luz al final del túnel que puede demostrar que son más fuertes las razones que nos unen que las que nos separan.

Los Yankees perdieron la Serie Mundial en medio del drama y la tensión, pero una buena tensión. La clase de tensión que obliga a ser mejor, a superarte. Fue dramático, pero la perdieron en el campo luchando. Algún día alguien tendría que descarrilar este tren para detener su paso.

Joe Torre después del juego dijo que por primera vez no le dolió perder. Que estaba contento porque en esta ocasión habían hecho mucho más que ganar. El equipo, dijo Torre “mostró todas las grandes cualidades que tienen los neoyorquinos y que lo más importante es que los habían ayudado a ver hacia adelante y sobreponerse ante la tragedia”.

En pocas palabras, los Yankees demostraron a todos que la vida sigue y como los bomberos lo dijeron, todo iba a estar bien.

Continuará…

Autor: marconunez23

Periodista con más de 20 años de experiencia. Especializado en temas de negocio, comunicación social, e imagen. Apasionado del deporte, especialmente el beisbol, los New York Yankees, los Pittsburgh Steelers y la NFL.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s