Ensayo sobre la historia del béisbol y su impacto en México, parte III


Capítulo 3. El béisbol, mudo testigo de la historia

El mejor referente de la sociedad estadounidense, en mi opinión, es el béisbol. No existe un deporte que haya estado tan de la mano a los sucesos históricos del Siglo XX en Estados Unidos como lo es el béisbol. Siempre ha sido testigo mudo de su historia. Su misma evolución es la mejor prueba de esto.

La memoria juega un rol fundamental en el desarrollo, preservación y educación de una sociedad. Si se utiliza un deporte como herramienta para ayudar a una sociedad a salir adelante, a sacarla de un momento difícil, e incluso para distraer la atención, ningún deporte lo ha hecho mejor que el béisbol y ese es el objetivo de este capítulo: demostrar que este deporte siempre ha estado y se ha hecho presente en los momentos claves de la historia de los Estados Unidos.

 “Quien quiera saber acerca del corazón y la mente de los estadounidenses, debe aprender béisbol”. Este fue el pronunciamiento del profesor de la Universidad de Columbia, Jacques Barzun[1] hace varios años, mientras dictaba su cátedra en 1954.

Desde sus inicios al béisbol se le ha denominado como el “pasatiempo nacional” en Estados Unidos. Esta frase ha crecido a través del tiempo y ha hecho que reincida en su propia leyenda. Es común ver imágenes que combinan al diamante con símbolos que nutren ese lazo entre la historia y los aficionados. Por ejemplo, la tradición del lanzamiento de la primera bola por un presidente del país refuerza el vínculo entre el juego y las instituciones.

La pregunta es ¿el béisbol representa el espíritu de América? Si es así ¿cuál es su legado?

Si se mira al béisbol, se pueden ver ideales e injusticias, triunfos y derrotas, como en la vida misma. El béisbol ha sido un catalizador de la intolerancia e ilegalidades. Su historia es muy compleja, pero esa misma complejidad es deslumbrante cuando se ve desde el prisma del béisbol.

3.1 Tres momentos claves

En el béisbol existen tres momentos claves que denotan la relación tan estrecha entre este deporte y la historia.

Primero: Jackie Robinson con los Dodgers de Brooklyn.

En 1947, Branch Rickey, gerente general de ese equipo, firmó a Robinson y con esto rompió la barrera del color en el béisbol. Rickey no fue el primer ejecutivo en intentar firmar a un jugador de color en Grandes Ligas.

A principios de la década de los años veintes del Siglo XX, el manejador de los Gigantes de Nueva York, John McGraw[2], intencionalmente incluyó a un negro en un juego, Charlie Grant, presentándolo como un indio americano. Otro caso ocurrió en 1943 cuando el dueño de los Piratas de Pittsburgh, Bill Bensawanger, firmó a Josh Gibson, sin embargo el comisionado en turno, Kenesaw Mountain Landis, un poderoso empresario de la época mejor conocido por sus inclinaciones semíticas, prohibió esta contratación.

Bill Veeck[3] siempre expuso que Landis bloqueó su intento por comprar a los Filis de Filadelfia[4] en 1941 porque había anunciado que, de comprar al equipo, lo haría multirracial. Todo este obstáculo se pudo eliminar con la muerte de Landis en 1944 y eso ayudó a que los negros pudieran jugar en Grandes Ligas.

El mismo Rickey había experimentado el problema de la segregación. Cuando jugaba para su equipo en la Universidad de Ohio Weslayan, Rickey tenía un compañero negro. En una gira por el sur del estado de Ohio, el personal del hotel donde se hospedaban prohibió a su compañero de color albergarse ahí. Rickey trató de llevarlo al hotel para que pasara la noche, pero fue sorprendido y se lo prohibieron. Rickey siempre relató este suceso como un ejemplo de por qué quería romper la barrera del color no sólo en el béisbol, sino en todo el país.

Jackie Robinson tenía mucho talento pero no era el mejor jugador de las Ligas Negras. Fue escogido para el experimento por tener el coraje para soportar la presión de ser el primer negro en Grandes Ligas, aguantar las críticas y abusos de aficionados y jugadores que se oponían a su inclusión en el juego. Siempre los enfrentó con la cara en alto.

Aguantó la presión y jugó todavía mejor, para ganar el premio del Novato del Año en 1947. Más adelante en ese mismo año, otros dos jugadores de color llegaron a las Grandes Ligas: Hank Thompson con los Cafés de San Luis y Larry Doby con los Indios de Cleveland, mismo equipo que al coronarse el año siguiente 1948, presentaron a dos jugadores negros que alcanzarían el Salón de la Fama años más tarde: Larry Doby y Satchel Paige.

Paige, quien lanzó más de 2 mil 400 entradas en las Ligas Negras, incluso hasta 2 ó 3 juegos en un día, era muy efectivo a pesar de tener 42 años cuando llegó a Grandes Ligas y así siguió hasta los 59. Su porcentaje de carreras limpias de por vida fue de 3.29, uno de los diez mejores de todos los tiempos. Como un homenaje al legado de Jackie Robinson y una muestra de agradecimiento del béisbol a la comunidad negra de ese país, en 1997 MLB retiró de todos los equipos el número 42 que portó en su uniforme.

Segundo: la participación de los beisbolistas en los conflictos bélicos de los Estados Unidos, principalmente en la Segunda Guerra Mundial.

En los albores del conflicto en 1939, la postura de los Estados Unidos era de neutralidad. Había muy pocos deseos de involucrarse en la guerra y en cualquier caso, la fuerza militar de los estadounidenses no estaba a tono para el conflicto. En ese momento, la armada de los Estados Unidos era aproximadamente de 240 mil hombres[5], la fuerza aérea tenía unos 20 mil efectivos volando con un equipo obsoleto para la época, mientras que la naval contaba con 82 barcos de guerra.

Aun así, los japoneses empezaron a planear sus ataques en el Pacífico y la sombra de la guerra crecía, por lo que Estados Unidos se preparaban para lo inevitable. El primer paso fue incrementar el personal de guerra a través una orden presidencial de Franklin Delano Rooselvelt[6] firmada el 16 de septiembre de 1940 para el proceso de reclutamiento de soldados.

Todo estadounidense entre 21 y 36 años de edad se debía registrar por un lapso de 12 meses para prestar su servicio militar y “asegurar la independencia y libertad de los Estados Unidos”. Este proceso de reclutamiento juntó a 2 millones de hombres para el final de 1941, fue el proceso de defensa más grande de la historia de los Estados Unidos.

Este reclutamiento afectó a todos los rubros profesionales del país y el béisbol no fue la excepción. En 1941 el deporte vivía un gran momento: Ted Williams bateó para .406, Joe DiMaggio conectó por lo menos 1 hit en 56 partidos de forma consecutiva, Lefty Grove[7] a los 41 años de edad obtuvo su victoria 300 de por vida y el receptor de los Dodgers, Mickey Owen, fue inmortalizado por cometer un error en la Serie Mundial de ese año, que le costó a su equipo el título y se les dio la despedida a los dos primeros jugadores que se iban a la guerra.

El primer big leaguer reclutado para ir a la Segunda Guerra Mundial, fue Hugh Mulcahy, un veterano de los Filis de Filadelfia que fue registrado en el ejército el 8 de marzo de 1941 para reportarse en Camp Devens, Massachusetts.

A Mulcahy se le apodó como “el pitcher perdedor” porque perdió 76 juegos entre 1937 y 1940, el máximo número en ese lapso. Sin embargo, de manera muy optimista, al ser reclutado declaró: “mi racha perdedora ha terminado…ahora estoy en un equipo ganador”.

El segundo en irse fue el bateador de poder de Detroit, Hank Greenberg[8], una afamada celebridad de aquel tiempo y futuro miembro del Salón de la Fama, fue llamado al servicio militar el 7 de mayo de 1941. Greenberg jugó en tres Series Mundiales y en dos juegos de estrellas, bateó 58 homeruns en 1938 y fue el jugador más valioso de la Liga Americana en 1940. Greenberg renunció a su salario de 55 mil dólares anuales por 21 dólares diarios que la armada le pagaba.

Hank Greenberg declaró para la revista The Sporting News al ser reclutado: “…si es que existe un mensaje que enviar a los aficionados es que seré un gran soldado”.

También en las categorías menores del béisbol hubo jugadores que respondieron el llamado. Billy Southworth Jr., un jardinero con los Hojas de Maple de Toronto e hijo del manager de los Cardenales de San Luis, fue uno de los jugadores profesionales que entraron al ejército de manera voluntaria en diciembre de 1940. “Creo que es mi deber enrolarme porque nos van a necesitar” le dijo a su padre “mi carrera beisbolística puede esperar” concluyó.

Todos en Estados Unidos tenían la esperanza de que el conflicto se arreglara. Los peloteros creían que su ausencia sería mínima para poder volver. Lamentablemente eso no sucedió. La mañana del 7 de diciembre de 1941 la paz desapareció, cuando un ataque sorpresa japonés en la localidad de Pearl Harbor, Hawái, destrozó 18 barcos de guerra de Estados Unidos, prácticamente toda su flota en el Pacífico. Estados Unidos entró a la Segunda Guerra Mundial.

Pearl Harbor se convirtió en el símbolo del patriotismo estadounidense por lo que miles se reclutaron de manera voluntaria. El 9 de diciembre, Hank Greenberg, con 30 años de edad, se reincorporó al servicio militar después de que había sido retirado de la armada por una ley que le permitía retirarse por tener más de 28 años. Más adelante admitió: “Esto significa que mi carrera en el béisbol ha terminado”.

Como Greenberg, la sensación de 23 años de los Indios de Cleveland Bob Feller corrió para enlistarse, tan pronto supo de las noticias del bombardeo en Hawái. Feller fue a la naval como subalterno del barco de guerra Alabama en el Pacífico. Adolfo Hitler declaró la guerra a los Estados Unidos el 11 de diciembre de 1940 y lo que logró es crecer el entusiasmo de miles de hombres por ir a la guerra y defender a su país. La industria respondió con un incremento en la producción de equipo de guerra indispensable para sobrevivir el conflicto mundial.

Fábricas dedicadas a la producción de equipos deportivos contribuyeron a la causa. Por ejemplo, Hillerich & Bradsby, fabricantes de los bates “Lousiville Slugger” giraron su producción a la fabricación de rifles y municiones. Pocos meses después del bombardeo en Pearl Harbor, Estados Unidos se había convertido en un arsenal. La pregunta era, ¿podrá el béisbol sobrevivir a la guerra? La Primera Guerra Mundial que ocasionó que la temporada de 1918 terminara un mes antes de lo usual. Sólo el armisticio salvo la temporada del año siguiente.

A fines de 1941 existía el miedo de que la temporada de 1942 no se pudiera llevar a cabo: fue entonces cuando el presidente Roosevelt, a petición del comisionado Kenesaw Mountain Landis, mandó la famosa carta de “luz verde” la cual decía: “Honestamente, siento que lo mejor para el país es que el béisbol siga. Me gustaría se jugara más de noche para que los trabajadores puedan verlo por televisión o asistan a los estadios”[9].

Roosevelt añadió que el béisbol podría ser el entretenimiento que necesitan millones de personas y opinó que, aunque la calidad de los equipos disminuya por utilizar jugadores muy jóvenes y con limitada calidad de juego en sustitución de los que están en la guerra, la popularidad del deporte no se verá afectada.

A pesar de que muchos jugadores se fueron al frente desde un principio, nació un resentimiento de que estuvieran participando en Grandes Ligas hombres físicamente aptos para ir a la guerra. Se les acusaba de evadir su compromiso con la patria. Muchos dijeron directamente que el béisbol estaba acaparando hombres que eran necesarios para pelear por el país.

Esta actitud era comprensible, pero los que pensaban que tener el béisbol activo representaba un alimento moral muy importante en los años de guerra fueron mayoría. El semanario The Sporting News hizo una encuesta en abril de 1942 para saber la opinión de los reclutados: ¿El béisbol debería continuar mientras el país está en guerra?

La mayoría de los militares apoyaron la decisión del presidente Roosevelt y pidieron que el béisbol no parara. El soldado John E. Stevenson, basado en Fort Dix, Nueva Jersey, escribió: “El béisbol es parte de nuestra vida. Si lo remueven de ésta, removerán algo de la historia del país, de sus ciudadanos”. Otro soldado, Clifford P. Mansfield, de Fort Knox, Kentucky, insistió: “por la moral de los soldados y del mismo país, sigan jugando”[10].

Más de 500 big leaguers fueron reclutados, incluso famosos como Stan Musial, Joe DiMaggio y Ted Williams. Las ligas menores, alimento natural de las Grandes Ligas, se vieron afectadas también por la falta de jugadores, ya que llevaron a 4 mil 76 en total[11]. Diariamente, por años, prometedores prospectos se enlistaban para utilizar sus destrezas atléticas en la guerra y nunca jugaron béisbol. No más de 12 ligas menores sobrevivieron a la guerra, de las 44 que existían[12].

Por eso el periodo 1942-1945 es tan importante. En la mayoría de los casos, las estrellas del béisbol formaron parte de equipos de la armada o de la naval, con el objeto de entretener a los otros. Pero los hubo como Bob Feller, quienes estuvieron en el corazón de los combates contra japoneses y alemanes.

Entre los jóvenes que llenaron los lugares de los jugadores en la guerra, hubo varios prospectos interesantes como Joe Nuxhall, quien con sólo 15 años de edad lanzó para los Rojos de Cincinnati; Pete Grey, jardinero de un sólo brazo, jugó para los Cafés de San Luis, y Jimmy Foxx salió del retiro a los 34 años para jugar con los Filis de Filadelfia. Estos jugadores mantuvieron vivo el juego tal como el presidente Roosevelt lo había pedido. Era su deber con el país.

Los negros se dieron cuenta que los equipos de Grandes Ligas preferían contratar a jugadores blancos hasta discapacitados por encima de jugadores ellos, por muchos mejor preparados y con mayor talento. Las Ligas Negras continuaron jugando y tuvieron asistencias a los estadios bastantes decentes en los tiempos de la guerra. Philip Wrigley, dueño de los Cachorros de Chicago, organizó la Liga Profesional de Béisbol Femenil (All-American Girls’ Baseball League) entre 1943 y 1954, lo que hasta la fecha ha sido la única liga femenil de béisbol en la historia.

La mayor parte de esta liga se jugó en el medio oeste de los Estados Unidos y los equipos entre otros eran: las Rockford Peaches (los Duraznos), Kalamazoo Lassies (las Perras Collies), las Grand Rapids Chicks (las Chicas), todos estos equipos aportaron un capítulo importante a los anales de la guerra y el béisbol. Ambas ligas, las Negras y la de Mujeres, contribuyeron para que el “pasatiempo nacional” sirviera a la nación en una valida labor: promover el patriotismo y enfatizar los valores de trabajo en equipo y victoria.

Durante los tiempos de la guerra fue cuando inició la tradición de interpretar el himno antes de cada juego. Los dueños de los equipos consideraron que era apropiado hacerlo para recordarles a los asistentes al estadio que, mientras había hombres jugando en el campo, miles estaban en el frente de guerra. Otro aspecto es que aumentaron los juegos de noche para que todos aquellos que trabajaban en las fábricas pudieran asistir a los juegos, tal como Roosevelt lo había pedido.

Tercero: en el 2001, el atentado a las Torres Gemelas en Nueva York.

El 30 de octubre de ese año, a tan sólo unas millas de distancia de la “zona cero” y a dos meses de haber sufrido el más grande ataque en su tierra desde Pearl Harbor 50 años antes, el presidente George W. Bush caminaba hacia el montículo del Yankee Stadium, sede del tercer juego de la Serie Mundial del 2001 entre los Yankees y el equipo de expansión los Diamondbacks de Arizona.

Bush vestía una chamarra con las insignias del departamento de bomberos y de la policía de la ciudad de Nueva York. Se paró en el montículo y ante 57 mil aficionados levanto la mano derecha e hizo una señal con su dedo pulgar en medio de los gritos de la gente.

Tradicionalmente la ceremonia de “la primera bola” por un presidente es desde la primera fila de las gradas y hacia un costado del campo de juego. Esta fue diferente. Cubierto de pies a cabeza por un ropaje anti balas y con todo un regimiento de agentes secretos desplegados a lo largo y ancho del estadio, Bush hizo un lanzamiento perfecto al receptor de los Yankees Todd Greene[13].  El presidente fue ovacionado como nunca antes.

El presidente Bush decidió ir ese juego para demostrarle a la gente de su país que podían volver a la normalidad después del pánico causado por el miedo de sufrir otro ataque terrorista en cualquier momento. Si en algún momento existió una duda acerca de la importancia del béisbol como institución en Estados Unidos, en esa noche se borró.

El alcalde de la ciudad en el 2001, Rudolph Giuliani declaró más tarde: “El presidente nos ha dado un mensaje de que no debemos tener miedo”. Al día siguiente, los periódicos del país no hablaban de otro tema. El presidente fue claro y con la actitud que mostró, les dijo a todos que siguieran adelante y vivieran de una manera tan normal como fuera posible. Ari Fleisher, vocero de Bush, declaró que al asistir a ese juego, lo que quería el presidente era “ayudar a todos a hacer lo que usualmente se hace en esta época del año y así fortalecer las raíces del país, con lo que representa el béisbol”.


[1] Jacques Martin Barzun (30 de noviembre de 1907) es un eminente historiador de ideas y cultura francés-estadounidense. Especialista en literatura alemana, francesa, música, educación, ciencia ficción, lenguaje y etimologías.

[2]John Joseph McGraw (7 de abril de 1873-25 de febrero de 1934) fue un reconocido manager de Grandes Ligas. Sus 2,763 victorias lo ponen en el segundo lugar de todos los tiempos, de las cuales 2,669 fueron en la Liga Nacional, el máximo número hasta la fecha.

[3] William Louis Veeck, Jr. (9 de febrero de 1914- 2 de enero de 1986) nativo de Chicago, Illinois, fue un arduo promotor del béisbol mejor conocido por las innovaciones y métodos de publicidad para promover el deporte durante su participación como dueño de los Indios de Cleveland, Cafés de San Luis, y Medias Blancas de Chicago. Veeck fue el último empresario en comprar un equipo sin poseer una fortuna propia.

[4] Filis de Filadelfia es un equipo con sede en Filadelfia, Pensilvania. Es uno de los más antiguos de la Liga Nacional, en la que participan desde 1883, desde la realineaciación de esta liga en 1969 forman parte de la División Este de la misma.

[5] Gary Bedinfield “Baseball in World War II in Europe” en http://www.baseballlibrary.com/baseballlibrary/excerpts/wwii.stm. Julio 1999.

[6] Franklin Delano Roosevelt (n. 30 de enero de 1882 — † 12 de abril de 1945) fue el trigésimo segundo Presidente de los Estados Unidos y ha sido el único en ganar cuatro elecciones presidenciales en esa nación.

[7] Robert Moses “Lefty” Grove (Lonaconing, Maryland, 6 de marzo de 1900 – Norwalk, Ohio, 22 de mayo de 1975) fue un beisbolista estadounidense que ha sido considerado entre los más destacados lanzadores de la historia de las Grandes Ligas. Jugó su carrera profesional para los Atléticos de Filadelfia (con los que consiguió dos series mundiales), y los Medias Rojas de Boston. Entre sus logros está el haber sido líder de porcentaje de carreras limpias en nueve temporadas.

[8] Benjamin “Hank” Greenberg (1 de enero de 1911-4 de septiembre de 1986, fue primera base, principalmente de los Tigres de Detroit entre 1930 y 1947 cuando finalizó su carrera con los Piratas de Pittsburgh.

[9] “Presidents and Baseball” en http://www.whitehouse.gov/baseball. Julio 2008.

[10] James A. Percoco “Baseball and World War II: A Study of the Landis-Roosevelt Correspondence” en http://www.oah.org/pubs/magazine/sport/percoco.html. Verano de 1992.

[11] Gary Bedinfield “Baseball in World War II in Europe” en http://www.baseballlibrary.com/baseballlibrary/excerpts/wwii.stm. 1999.

[12] David Hornestay “Baseball Survivies World War II” en http://major-league-baseball.suite101.com/article.cfm/baseball_survives_world_war_ii. Enero 2008.

[13] Todd Anthony Greene (8 de mayo de 1971 en Augusta, Georgia) jugador retirado. Por 11 años jugó para Angelinos de Anaheim (19962000), Azulejos de Toronto (2000), Yankees de Nueva York (2001), Rangers de Texas (20022003), Rockies de Colorado (20042005), y Gigantes de San Francisco (2006).

Autor: marconunez23

Periodista con más de 20 años de experiencia. Especializado en temas de negocio, comunicación social, e imagen. Apasionado del deporte, especialmente el beisbol, los New York Yankees, los Pittsburgh Steelers y la NFL.

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