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11
ene
09

Ensayo sobre la historia del béisbol y su impacto en México, conclusión


Conclusión

He llegado a la conclusión, más bien a varias, que me hacen ver que los principales factores por los que el béisbol y los mexicanos le han perdido fe a este deporte, principalmente en el Distrito Federal, es por:

  1. Falta de difusión.
  2. Forma de trabajo de los equipos de béisbol en México.
  3. La cultura.
  4. La comercialización del deporte.

A simple vista, las diferencias entre las Grandes Ligas en los Estados Unidos y la Liga Mexicana en México son alucinantes. Pero una mirada más cercana hacia el béisbol en ambos lados de la frontera revela más que unas cuantas similitudes. El béisbol es adorado por muchos, pero también es un negocio en ambos países. A pesar de la ubicación, tanto los jugadores de béisbol como los dueños de los equipos sienten que cada uno sabe más que el otro, y que sólo ellos saben lo que es mejor para el juego.

“Creo que no hay mucha oportunidad para peloteros que vienen de México,” dijo en una entrevista publicada en MLB.com en julio de 2006, Fernando Valenzuela, indiscutiblemente el jugador más exitoso importado desde México. “Hay mucho talento allá (México). Eso es lo único que falta — la oportunidad y la posibilidad de comprobar si pueden jugar en Grandes Ligas o no. En este momento, la oportunidad no está allí.” Parte de la razón de Valenzuela es porque no hay tampoco jugadores mexicanos en el sistema de los 16 equipos de la Liga Mexicana de Verano.

A diferencia de Venezuela, la República Dominicana, Colombia, Nicaragua, Panamá y otros países latinoamericanos, excluyendo Puerto Rico, los jugadores de México no pueden ser contratados como agentes libres y luego colocados en academias financiadas por equipos de las Grandes Ligas. Los peloteros de Puerto Rico son susceptibles de ser contratados el primer año como los jugadores estadounidenses a través del draft. En el sistema de la Liga Mexicana de Verano, parecido al de la Liga de Béisbol de Japón, todos los jugadores son primeramente afiliados a una franquicia de la Liga Mexicana. Si un equipo de las Grandes Ligas está interesado en un pelotero, debe negociar primero con el dueño del equipo de México para obtener sus derechos temporales o permanentes del beisbolista.

El precio a pagar por un pelotero de la Liga Mexicana puede ser altísimo comparado a los de la República Dominicana o Venezuela. Existen ciertos acuerdos entre equipos de Grandes Ligas y los equipos de la Liga Mexicana de Verano, pero hay innumerables casos que demuestran cuán desesperadamente los dueños mexicanos quieren ganar el título o campeonato respectivo de la liga y no están dispuestos a renunciar a sus mejores jugadores fácilmente, ni baratamente – lo que puede ser desalentador para equipos de las Grandes Ligas.

Los dueños de los equipos mexicanos de la liga de verano, como los dueños en Estados Unidos, saben lo difícil que es hacer una ganancia y no están dispuestos a regalar su inversión así no más, sin algún tipo de recompensa. “Si un equipo de las Grandes Ligas está interesado en un jugador de la Liga Mexicana, no lo venderán,” dijo Valenzuela, inexplicablemente porque fue comprado por los Dodgers de Los Ángeles a un equipo mexicano. “Piden mucho dinero” es otra razón que expone Valenzuela. El precio estimado va  desde 15 mil ó 300 mil dólares, pero podría ser más. Los jugadores, sin embargo, reciben el 15 o el 20 por ciento del precio pagado a los dueños para sus servicios. Ahí es donde todo se complica.

Los empresarios estadounidenses, en colusión con los agentes de jugadores,  quieren jugadores mexicanos baratos, por lo menos inicialmente, con la esperanza que se convertirán en peloteros espectaculares – como en la República Dominicana y Venezuela – pero ofrecen la oportunidad para hacer millones en el futuro como recompensa. Ellos en general no apoyan esa noción y están contentos con su propia liga en su propio país y arreglando sus propios problemas.

Hay también un sentimiento silencioso entre la elite de México que no necesitan que los Estados Unidos los rescaten ni a ellos ni al béisbol mexicano. Curiosamente, la Liga Mexicana del Verano es un miembro de la Asociación Nacional de Ligas Profesionales – se considera Triple-A, aunque la mayoría la considera solamente al nivel de Doble-A – y es la única Liga Mexicana que puede vender jugadores a equipos de las Grandes Ligas.

La Liga Mexicana del Invierno, un grupo de ocho equipos a través de la costa pacífica del país, no puede vender jugadores a Grandes Ligas a pesar de una afiliación con la oficina del Comisario de Béisbol de las Grandes Ligas, la Confederación Caribe, y el hecho de que jugadores de Grandes Ligas participan en la liga de invierno. Con esto no queda duda, las dos ligas Mexicanas son rivales. A pesar de todas estas complicaciones, recientemente la mentalidad de compra venta de jugadores mexicanos en Grandes Ligas ha empezado a cambiar.

Cada año se empiezan a ver nuevos ejemplos de que los dueños ya no son tan renuentes para dejar ir a un prospecto mexicano. En una entrevista publicada en el sitio MLB.com, el receptor de los Diablos Rojos del México de la Liga Mexicana, Miguel Ojeda, declaró: “pienso que es preferible empezar en México y venir a jugar aquí. Las cosas están mejorando pero todos soñamos con jugar en las Grandes Ligas”. Parte de la solución es la Academia del Carmen cerca de Monterrey, Nuevo León, la cual está diseñada para desarrollar principalmente a jugadores para la Liga Mexicana.

Al mismo tiempo, tienen muy buena relación con buscadores de Grandes Ligas. Ángel Macías, director de la academia, reconoce la necesidad de llevar más jugadores mexicanos en Grandes Ligas y está desarrollando un equipo de buscadores de talento para que recorran el país buscando prospectos. La misión de Macías es de mejorar el béisbol en ambos lados de la frontera. No será fácil y si alguien sabe esa realidad, es el locutor de los Padres Juan Ávila. Nativo de Mazatlán, México.

Ávila comenzó su carrera con la emisora como el animador de jugada por jugada para los Venados de Mazatlán en la Liga Mexicana de Invierno en el 1992. Ávila, que está en su decima temporada con los Padres de San Diego, ha transmitido la Serie del Caribe periódicamente desde el 1993 y en una entrevista publicada en el periódico “San Diego Union” en 1999 declaró:

“Necesitamos romper esa barrera y cambiar el sistema. Entiendo el punto de vista de los equipos de la Liga Mexicana, pero necesitamos encontrar una manera de poner a más jugadores mexicanos en las Grandes Ligas porque veo a estos tipos y ellos sueñan con jugar aquí. Hay 20 mexicanos aquí y 90 en las Ligas Menores”. 

Un ejemplo de la nueva forma de trabajo entre equipos de México y Estados Unidos es el caso de Francisco Campos, lanzador de los Piratas de Campeche quien fue el Jugador más Valioso en la Serie del Caribe en el 2005 lo cual produjo la firma en 2006 de un contrato con los Piratas de Pittsburgh. La particularidad de ese contrato fue que le permitía jugar para su equipo de la Liga Mexicana de verano antes de presentarse en Pittsburgh y aunque la directiva negó este tipo de acuerdo, sirvió de precedente.

Con o sin ningún trato, Campos sirvió como ejemplo de lo que puede suceder a estrellas en el sistema de la Liga Mexicana. Por ejemplo, un jugador con el estilo de Campos que no juega en Estados Unidos pero está contratado por un equipo de Grandes Ligas puede verse favorecido financieramente hablando gracias al sistema de la Liga Mexicana. Un pelotero como Campos recibiría un salario estimado de 15 mil a 20 mil dólares al mes para jugar en México. Si estuviera en las ligas menores de Estados Unidos, le pagarían muchos menos miles de dólares al mes.

¿Una garantía de 20 mil en vez de 3 mil dólares al mes y largos viajes en autobús en las ligas menores? Algunos tomarían el dinero si tuvieran la opción de elegir. La realidad es que las estrellas mexicanas no tienen voz porque los dueños mexicanos determinan si los jugadores permanecen en el país o si serán mandados a Estados Unidos.

“Es un país (México) grande con mucho talento,” dice Fernando Valenzuela. “Los beisbolistas quieren venir aquí (Estados Unidos) pero también quieren tener la seguridad de contar con trabajo a lo largo del año. Tomas un riesgo viniendo, piensas en eso y en el contrato que tienes con el equipo de la Liga Mexicana”.

Verdaderamente hay mucho que pensar. La única certeza es el número de jugadores de México en Grandes Ligas comparado a los demás países de habla hispana es de llamar la atención, por lo pocos que son. “Los equipos mexicanos deben dar oportunidades” dijo Valenzuela. “Los peloteros quieren jugar aquí. Debe haber más pero los necesitan allá y por eso no los liberan. Esa es la razón porqué no hay suficiente mexicanos en Grandes Ligas.” Esa es, por lo menos, una de las razones.

 Las otras son bastante familiares. Mientras Campos ha sido muy discreto por la manera como funcionó su contrato en Grandes Ligas (jugó tres temporadas sin mayores consecuencias), otros jugadores lo ven como una muestra más de la falta de oportunidades para jugar en Grandes Ligas. Tomando como referencia la temporada 2008, sólo 19 de mil 200 jugadores en los planteles de los equipos de Grandes Ligas, eran mexicanos mientras que de Puerto Rico, Venezuela y la República Dominicana tenían 32, 72 y 115 respectivamente.

Sin embargo Campos, quien dominó a todo aquel que se le enfrentó en la Liga Mexicana este año (2.88 de porcentaje de carreras limpias y un 1.17 de porcentaje de WHIP [porcentaje de bases por bolas y hits permitidos por entrada]), aun así, estas cifras no le sirvieron para abrirle nuevamente las puertas en Grandes Ligas. Hay que reconocer que las comparaciones entre el béisbol de México y otros países latinoamericanos podría no ser la apropiada.

Una razón es que los expertos consideran que las estadísticas y logros de un jugador en un equipo que no sea de Grandes Ligas, no quieren decir que lo mismo sucederá en el máximo circuito y se traducirá en un jugoso contrato. Además, la relación entre la Liga Mexicana y las Grandes Ligas, la ambivalencia entre ambas, hace que casos como el de Campos se den a menudo. Desafortunadamente en México, a diferencia de nuestros vecinos del sur, el béisbol eternamente será eclipsado por el fútbol soccer.

En un estudio reciente publicado por la Universidad de Texas sobre el béisbol en Latinoamérica, se establecen las diferencias culturales y deportivas entre México y los países del Caribe. De principio, mientras el béisbol es el deporte más popular en el Caribe, para los mexicanos su preferencia, en orden, es como sigue: primero el fútbol, segundo el fútbol y, tercero, el fútbol. México es un enorme país donde el béisbol se practica en áreas muy específicas. Esa puede ser una de las razones por la cual los equipos de Grandes Ligas prefieren ir a Venezuela, Puerto Rico o República Dominicana.

¿La razón?

En lo personal, después de que lo que he indagado, estimo que la detección de jugadores en esos países es más efectiva. En México el béisbol se juega en áreas muy especificas (principalmente el norte y sur del país) y no se ha sabido crear mecanismos que atraigan a equipos Grandes Ligas a la búsqueda de prospectos. Aun así, esto no debe ser un impedimento para que más mexicanos lleguen a Grandes Ligas. Francisco Campos es un gran jugador, mejor que muchos de otras nacionalidades, sin embargo no lo contrataron en Estados Unidos.

El mismo Francisco Campos lo sabe. En una entrevista para el sitio de internet de la Liga Mexicana el 27 de abril de 2007 (lmb.com.mx) dijo que sus números no podrían ser mejores. Tiene razón, en la Liga Mexicana ganó la triple corona de pitcheo (líder de juegos  ganados, mejor porcentaje de carreras limpias y líder de ponches). “¿Qué me falta?” se pregunta Campos “la única respuesta que tengo es que me falta un equipo que me contrate en Grandes Ligas”.

Alan Schwarts, escritor de la revista Baseball America, columnista del periódico The New York Times y autor del libro “The Numbers Game: Baseball’s Lifetime Fascination with Statistics” (El juego de números: la eterna fascinación del béisbol con las estadísticas) está en contra de lo que dice Campos en relación a que sus números en la Liga Mexicana son un mérito suficiente para jugar en Grandes Ligas.

“Mientras más equipos se basan en las estadísticas para contratar y evaluar jugadores, siempre estos equipos le darán su debida proporción tomando en cuenta la liga de béisbol donde el jugador en cuestión los haya logrado y, siempre, visitarán al jugador en su medio ambiente antes de contratarlo, sin importar cuán impresionantes sean sus números” dice Schwartz en su libro.

Continúa diciendo en relación a Campos “si los equipos estuvieran convencidos de que puede hacer el trabajo en Grandes Ligas, tendría un contrato. Lo que ha pasado es que alguien ha tomado una determinación: primero, que las estadísticas de la Liga Mexicana no tienen nada que ver con las de Grandes Ligas y, segundo, lo han estado observando los buscadores de talento y sienten que no tiene la calidad suficiente para jugar en las Grandes Ligas”.

¿Qué nos dice lo anterior? En pocas palabras, que los números no cuentan y que se necesita mucho más que una buena temporada para llegar a Grandes Ligas. Como se ha dicho a lo largo de esta tesis, a México no es un “país beisbolero” en comparación como Venezuela, Puerto Rico o la República Dominicana, a pesar que tiene algo que éstos últimos no tienen, béisbol todo el año. Cuando nació la Liga Mexicana hace más de 80 años, se le concibió como una competencia para las Grandes Ligas.

Empezó en los años veintes y treintas, firmaron a grandes jugadores negros –los cuales no podían jugar en Estados Unidos por la segregación racial – como Josh Gibson y Satchel Paige. Posteriormente, en la década de los cuarentas, firmó otros jugadores más destacados y no necesariamente negros. Hoy la Liga Mexicana es reconocida por la Asociación Nacional de Ligas Profesionales de Béisbol como una liga de nivel Triple A. Por eso su función primaria es producir jugadores para equipos de Grandes Ligas.

 Desafortunadamente, varios jugadores se siguen quejando de las restricciones que tienen cuando firman un contrato con un equipo de la Liga Mexicana lo que los previene de avanzar a Grandes Ligas hoy día, si no son buenos. Cuando Francisco Campos asistió a los entrenamientos de primavera con los Mets de Nueva York en el 2006, fue en forma de préstamo de parte de los Piratas de Campeche, dueños de su contrato en México. En caso de que los Mets hubieran decidido quedarse con él, hubieran tenido que comprar su carta a Campeche.

Cuando terminaron los entrenamientos con los Mets, no le ofrecieron un sitio en el equipo y lo regresaron a Campeche. Campos dijo que los Mets estaban dispuestos a contratarlo para jugar en Triple A con la posibilidad de ganarse un lugar en el equipo grande en el transcurso de la temporada, pero debido a que los Piratas de Campeche eran los campeones defensores ese año 2005, no permitieron que Campos jugara en Triple A. Argumentaron que si no era en Grandes Ligas, mejor lo hiciera en Campeche.

Simplemente, los equipos en México no quieren dar a sus jugadores porque aspiran a ganar, otras veces mejor piden más dinero. Por su parte los directivos estadounidenses argumentan que, aunque los precios de los jugadores mexicanos no son prohibitivos, en la gran mayoría de los casos es motivo suficiente para matar un convenio de trabajo. La pregunta es entonces, ¿cuánto están dispuestos a pagar por un jugador mexicano que, sin ningún problema, pueden hallar en Estados Unidos? Los jugadores en México son limitados por los “empresarios” que lo único que buscan son miles de dólares, por eso, hasta cierto punto, el tema del dinero es motivo suficiente para que los buscadores de talento mejor vayan a otros países.

Un ejemplo de buena voluntad es que a raíz de lo sucedido con Campos, los Mets firmaron un convenio de trabajo con otro equipo en México, los Olmecas de Tabasco, que permitió que varios jugadores mexicanos probaran suerte en Estados Unidos Esta puede ser una forma de trabajo que funcione para ambos países. Se debe terminar esa ideología de que los jugadores mexicanos jueguen en México en lugar de la Triple A de los Estados Unidos, sólo así cambiara la dinámica de trabajo entre ambos países. El caso de Héctor Espino en 1963 es elocuente: Anuar Canavatti lo vendió a los Cardenales de San Luis y le pidieron se reportara con su sucursal en Jacksonville, Florida.

De acuerdo a lo que relata Jorge Menéndez Torre en una entrevista publicada en el Novedades de Yucatán el 2 de abril de 1984, Héctor Espino decidió no ir a Estados Unidos cuando Canavatti le dijo que no le daría un centavo por la transferencia hasta que triunfara con los Cardenales. “Me rehusaba a ser explotado, no permitiría esa injusticia” declaró Espino. Por eso existe la necesidad de homologar el sistema de contratación del jugador mexicano con las organizaciones de Grandes Ligas al sistema empleado en países del Caribe. Se piensa que la contratación del beisbolista mexicano por equipos de Grandes Ligas, está condicionado al interés de la Liga Mexicana de Béisbol y el club dueño de su carta.

La triste realidad es que, entre otros factores, el idioma es fundamental. Si no hablan inglés es difícil que se animen a salir del país a diferencia de los caribeños que prefieren hacerlo antes de debutar en un nivel mayor, se van casi de adolescentes y aprenden el idioma en el camino, para los mexicanos se convierte en una verdadera tortura.

Entonces para aquellos que se sienten perdidos en un país donde no conocen el idioma, la comida y los usos y costumbres son otros, la Liga Mexicana se convierte en una opción muy atractiva, caso opuesto a los dominicanos o venezolanos, ellos no tienen esa opción, o se aclimatan o se “aclimueren”. Las ciencias aplicadas al deporte no están siendo utilizadas eficientemente en beneficio del nivel del beisbolista profesional mexicano.

Partiendo del nivel profesional de béisbol que se tiene actualmente en el país, el béisbol en México puede llegar a conseguir logros internacionales como campeonatos panamericanos, mundiales y Juegos Olímpicos. A lo largo de esta reseña histórica, hemos podido apreciar que el béisbol no es un deporte aislado en la pléyade de actividades deportivas alrededor del mundo. El béisbol es un representante silencioso del desarrollo histórico del continente americano.

Es un testigo fiel de como los eventos sociales, políticos, económicos y culturales de la época, han tenido una huella indeleble en este deporte. El béisbol representa el espíritu de América, es una constante competencia por sobresalir. Es un deporte en equipo que tiene como fin común la victoria pero que, sin el esfuerzo individual, no se podría alcanzar la meta. Representa una compleja competencia que en su apogeo refleja ansiedad y angustia, el juego craneano de la inspiración, pero sobre todo, un deporte 100% exacto y mental, donde nada puede estar fuera de lugar ni oculto y no hay nada a medias. El béisbol ha podido prevalecer a pesar de las guerras.

Ha sido una constante que nunca ha parado, lo han querido borrar pero el béisbol siempre encuentra la forma para reinventarse, la gente siempre voltea al béisbol para buscar la paz y la tranquilidad que ofrece.

En la película Field of Dreams[1], Terrence Mann, un escritor retirado y aficionado al béisbol, interpretado por el reconocido actor, James Earl Jones, dice probablemente una de las grandes verdades en relación al béisbol: “la gente siempre vuelve al béisbol. Definitivamente, siempre volverá.”

Hablar del béisbol no es fácil. Representa el espíritu de una sociedad que lo ha visto todo a través suyo porque se ha convertido en parte de su vida. No importa el origen del juego, no importa donde nació o de que otro deporte es derivado, lo que importa con el paso de los años es que su evolución ha sido no cambiar sus raíces. El deporte conserva sus raíces desde que nació y es lo que lo hace único y original.

La riqueza y la tradición de este deporte es, por mucho, la más grande en comparación con cualquier otro. Se juega desde el Siglo XIX y las estadísticas son el ADN que inyecta adrenalina a la pasión por el béisbol. Los números y la historia son cruciales y, por lo mismo, se les da una mayor importancia. Es un deporte de habilidades más que de características físicas, como el basquetbol o el fútbol americano.  El jugador más grande, fuerte o rápido no siempre gana en el béisbol, esto no ha cambiado nunca a pesar de la evolución normal de los atletas de hoy en día.

Lo que haya pasado en 1846, 1900, 1920, 1950 o 1990 no importa, porque lo que llegue a pasar, será bajo las mismas circunstancias gracias a que las bases del juego no cambian y si algo no pasó antes no pasará ahora, porque el juego es más grande que los jugadores. Los grandes jugadores de principios del Siglo XX como Hognus Wagner[2], Ty Cobb, Walter Johnson[3], Babe Ruth o Lou Gehrig[4] serian grandes jugadores hoy. Eso no se puede decir del basquetbol o el fútbol soccer o americano. Ya quisiera ver al gran DiEstefano jugar hoy día con el Real Madrid en una época donde tendría como rivales a jugadores con una complexión física infinitamente superior a la de sus contemporáneos hace 50 ó 60 años.

Para muestra, un jugador de fútbol americano hace 70 años pesaba en promedio  alrededor 80 kilos, ahora no podrían competir con los jugadores de hoy porque pesan más de 120 kilos. En el caso del basquetbol, al no participar tantos jugadores negros, los blancos por cuestiones genéticas, hace 50 años, no podían ofrecer el espectáculo que se ofrece ahora. Por lo anterior las estadísticas en esos deportes no son tan valoradas como en el béisbol. Esa es la razón por la cual la historia de este deporte es tan importante y tan apreciada, cosa que en México, lamentablemente y sin sorprendernos, la memoria no existe.   

Ir a un campo de pelota no tiene igual. Caminar por la tribuna recorriendo el campo en una tarde de verano en mangas de camisa y con el astro rey en todo su esplendor, nos hace liberarnos del mundo en que vivimos y encontrar que este deporte sigue igual como desde su inicio. Dicen que mientras más las cosas tratan de cambiar, éstas siguen iguales. Vitorear a los héroes del béisbol como si uno fuera un niño, nos hace volver a recordar tiempos que alguna vez fueron buenos. Las memorias del béisbol son tan espesas que se necesita un borrador para quitarlas de la mente.

En el mundo del deporte, la única constante a través de los años ha sido el béisbol. Se ha caído y vuelto a levantar, ha evolucionado con la sociedad y mantiene su esencia. El béisbol es parte de lo que somos y su historia es tan rica que ningún otro deporte la puede igualar. Finalmente, con este análisis no se pretende dañar la imagen del beisbolista mexicano, sólo mejorar el fortalecimiento que ha venido resurgiendo en los últimos años por el gran esfuerzo de sus jugadores.


[1] Field of Dreams (1989) es una película sobre un granjero que comienza a pensar, guiado por una misteriosa voz, que debe construir un campo de béisbol en su campo de trigo. Protagonizada por Kevin Costner, Amy Madigan, Gaby Hoffmann, Ray Liotta, Timothy Busfield, James Earl Jones, Burt Lancaster, y Frank Whaley.

[2] John Peter Wagner (llamado Honus) (Chartier, Pensilvania, 24 de febrero de 1874 – Carnegie, Pensilvania, 6 de diciembre de 1955) fue un beisbolista estadounidense considerado por algunos como el mejor shortstop de la historia de las Grandes Ligas. Jugador estelar en las primeras dos décadas del siglo XX, fue parte del primer grupo de peloteros en ser ingresado al Salón de la Fama del Béisbol en 1936. En los tiempos actuales Wagner ha resaltado por su imagen en una serie de tarjetas coleccionables como las de más valor entre las de su clase.

[3] Walter Perry Johnson (6 de noviembre, 1887 – 10 de diciembre, 1946), llamado “The Big Train” (“el gran tren”), fue un lanzador derecho del béisbol de las Grandes Ligas entre 1907 y 1927.

[4] Ludwig Heinrich Gehrig nació el 19 de junio de 1903 en Nueva York y fallecido el 2 de junio de 1941 en esta misma ciudad. Es Conocido principalmente por el récord de 2,130 juegos consecutivos jugados que se mantuvo por 56 años y su trágico final debido a la enfermedad degenerativa que lleva su nombre; pero aparte de estos datos la figura de Gehrig acarrea una impecable carrera como bateador de poder, ser considerado el mejor primera base de la historia, ser el jugador más votado en la elección del mejor jugador del siglo XX, el sexto mejor según la revista Sporting News y por su personalidad simple de hombre de familia que se ganó la estima de los fans de los Yankees.




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